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Memoria corta, muy corta

No tenía ni la menor idea de qué hacía yo en ese sitio, hasta que encendí la luz; y una cosa llevó a la otra, la claridad me permitió hacer un rápido inventario de cuanto había a mi alrededor: espejo, lavamanos, poceta… mi estómago comenzó a gruñir, era como un ruido salido de una catacumba; mi frente empezó a sudar y sentí un intenso frío que recorría mi espalda; luego un dolor, una angustia, una urgencia… en ese instante lo comprendí todo, las ideas fluían y el universo conspiraba, ya tenía el qué y el dónde, en instantes resolvería el cuándo y el cómo, el quién ya no hacía falta descubrirlo, sin embargo, en segundos cesó el dolor y pienso que eso hizo acallar mi estómago, una vez más comencé a hurgar con la mirada, la luz estaba encendida y pensé que quizás había entrado para apagarla. Me arropaba la oscuridad, y no tenía ni la menor idea de qué hacía yo en ese sitio, hasta que encendí la luz…

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Disculpen

Disculpen si no me río,

cuando veo que la estulticia

y la falta de pericia

aquí contaminan un río.

Disculpen mi falta de carcajadas,

cuando veo inmorales

con falta de modales

justificando salvajadas.

Disculpen mi mal humor,

cuando veo que con arrogancia

premeditada y alevosa ignorancia

algunos aseguran que estamos mejor.

Disculpen mi ausencia de sonrisa,

cuando veo hijos que lloran

junto a madres que imploran

y ese llanto se lo lleva la brisa.

Disculpen mi enojo verdadero,

al ver familias enteras

sentadas sobre sus posaderas

comiendo directo del basurero.

Disculpen si de alegrarme soy incapaz,

cuando veo una ciudad podrida

donde pierde la libertad y hasta la vida

el que canta por la paz.

Disculpen si no consigo diversión,

cuando leo las noticias

y veo tantas franquicias

del mercado de la perversión.

Disculpen que no haya alegría,

cuando veo que reina el temor

que se está perdiendo el honor

y que pensar distinto es una grosería.

Disculpen hoy el chiste ausente,

cuando veo frente al espejo

la misma cara de pendejo

soñando un mundo diferente.

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Vida

Timidez: Está compuesta por “TIMI”, de “TIMI QUEDAS CALLADO”, y “DEZ”, de “DEZTRUYO TU CONFIANZA”.

La timidez es uno de los infiernos en los que Dante al parecer no pensó, o más bien un demonio malo muy malo. Cuando se cae en él, o se apodera de ti, todo se paraliza, se nubla, entras en un estado de inutilidad total, el único sentido que se activa es el de la vergüenza; ese  demonio poderoso se apodera (porque tiene mucho poder) de tu voluntad y hace que se reduzca hasta casi hacerla desaparecer, lo poco que te queda solo sirve para que apenas puedas mover la boca y así muestres la sonrisa más estúpida y ridícula que jamás será olvidada por quienes te acompañaban en ese momento, “¿recuerdas la cara de idiota que pusiste aquella vez que te entrevistaron?”, entendiendo que con “aquella vez” se refieren a hace mil años atrás. Justo cuando caes en ese trance, tus magistrales y más ingeniosas respuestas se esconden, y aparecen inmediatamente después de haber abandonado ese estado.

Generalmente la timidez aparece cuando te confrontan, cuando te interpelan, cuando ante cualquier situación, el resto apela a ti como el salvador, la voz cantante, incluso como comodín. También surge cuando finalmente llega la oportunidad de estar cerca de ese alguien a quien imaginariamente, has tenido a tu lado, unidos en lujuria, complicidad y pecado carnal. Esa persona se te acerca y todo lo que le dijiste e hiciste en tu cabeza desaparece, ahora ya no puedes siquiera pensar, solo la miras y sudas, tiemblas, balbuceas, deseas que en el piso se haga un abertura justo debajo de ti, que la gaveta del escritorio se abra y te engulla, que aparezca la señora encargada de la limpieza y te absorba con su monstruosa aspiradora.

Eso de ser tímido no existe, uno no es así. Cuando uno está frente al espejo del baño o del dormitorio, la verdadera personalidad aflora, dando rienda suelta a su esencia; lo mismo pasa cuando te colocas los audífonos y escuchas reggaetón, hip hop, o música para belly dance mientras estás trabajando, en ese instante a tu cuerpo no le importa nada, él se mueve y retuerce a su antojo, en tu cara aparecen las mil muecas, eres un ser único y más nadie existe y si existe pues simplemente no es de su incumbencia tu vida mucho menos tu personalidad; pero basta que alguien se te acerque apuntando hacia tu cara con un teléfono inteligente y te diga que está haciendo un video para el grupo de la oficina… silencio… frío… hace un rato estabas “rapeando”,  eras el rey de la improvisación, ahora todo tu vocabulario se reduce a una sola letra, si acaso dos, la “A” y la “E”. Antes de salir de casa, dejaste a tu mascota boquiabierta con una fenomenal exposición acerca de la situación económica del país, tu intervención dejó bien claro cuánto sabes de finanzas, administración de bienes y servicios, análisis de riesgo, inversiones, petróleo, etc., ya en la calle, un periodista se acerca y micrófono en mano pide tu opinión acerca de la escases de alimentos y el calentamiento global… silencio… frío…

Existen demonios que para ser exorcizados se debe utilizar agua bendita, pero con la timidez eso no funciona, para expulsarla se necesita alcohol. Desde tiempos inmemoriales, pócimas mágicas como el vino o el vodka, han servido como instrumento para vencer a ese leviatán; es la manera más efectiva para hacer que alguien responda y diserte incluso hasta acerca de lo que no conoce, sin tapujos ni cortapisas. “¡Ay, habló el mudo!”, dice la gente cuando reunidos en algún festejo, observan que reacciona aquel pobre infeliz que durante un buen rato estuvo inerte, reservado, conforme con solo mirar, sonreír y sostener un vaso en su mano; ya después se le ve bailando, actuando, dando un espectáculo usando una mesa como tarima, ya el vaso se ha vaciado y llenado en varias ocasiones así que, el maligno ha sido vencido una vez más.

Así pues, queridos amigos, quiero dejarles acá algunas pequeñas y humildes reflexiones:

Cuando estén reunidos, y alguien se les acerque con una cámara y les diga que está haciendo un video para la posteridad que por favor se relajen y cooperen, tengan en cuenta que justo en ese instante, el demonio de la timidez hará acto de presencia y buscará victimas para calmar su voraz apetito, entonces, traten siempre de mantener la unión, y estar pendiente sobre todo de los más débiles, no empujen a nadie para que sea devorado mientras ustedes aprovechan y escapan, de ser posible procuren una maniobra evasiva que les permita a todos salir airosos y con vida. Esto claro está, si sienten al demonio cerca, que no siempre pasa, la verdad es que hay momentos en los que la energía de las personas es tan fuerte que a la timidez ni se le ocurre pasar a ver siquiera.

Si sus torrentes sanguíneos se encuentran invadidos por alguna sustancia etílica, ni se ocupen, la timidez tiene muy buen olfato, y si no es su caso pero sí el de los otros que les acompañan pues tampoco se inquieten, en cualquier momento alguno saldrá al ruedo por todos de ser necesario.

La timidez no es una enfermedad, ni un trastorno de conducta. La timidez es una malignidad que corroe las entrañas de sus víctimas, destruye las relaciones de cualquier tipo, priva del disfrute de hacer el ridículo ante cualquier entidad, escamotea las intenciones de colearse o entrar sin pagar a algún sitio, hace que se queden en la imaginación todas las cincuenta sombras que uno quisiera compartir con alguien; de manera que hay que evitar de cualquier forma a esta perversidad incorpórea, pero si llegasen a ser presas de ella, no se avergüencen, no es su culpa suya de ustedes, es ella, ¡la perra esa!

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Quince cortos, que se quedaron cortos

  • Cada noche, a pesar de la claridad del vestido, sus formas pasaban desapercibidas, porque nadie quería ver su tristeza.  

 

  • Aquel día inició su partida. Ese beso no fue igual al de todas las mañanas, y justo en ese instante, comencé a extrañarla. 

 

  • Debajo de la cama no había nada, encima tampoco pero, él se sabía acompañado, sabía que estaban allí, su miedo se lo decía.

 

  • Esa mañana, detrás de la pistola, perdió su alma; se la llevó aquel pobre diablo que en mala hora quiso ser un héroe.

 

  • Esa noche bebió su orgullo de un trago y tiró su dignidad en la cama. En la mañana, contó en billetes el amor por sus hijos.

 

  •  Al ver la nevera vacía, quise escribir un cuento para llenarla con imaginación, pero la hoja quedó tan vacía como la nevera.

 

  • Ella le pidió un cuento de amor, pero él tenía su corazón en blanco, y así no podrían ser felices para siempre.

 

  • El pez, cansado de la pecera se asomó, pero resbaló y cayó fuera de ella, lo que demostró que no siempre mueren por la boca.

 

  • Una vez el Conejo de Pascua dijo no poder más. ¿Te faltan huevos?, gritó la esposa, y al sentirse retado, retomó su misión.

 

  • La reyerta fue cruenta, pero terminó cuando se dieron la mano, esa que uno le había arrancado al otro al inicio de todo.

 

  • Su narcisismo desapareció tiempo después de convertirse en vampiro. La intima relación entre él y los espejos se había roto.

 

  • Aterrorizado, quiso escapar de su interior. No soportó encontrarse ahí consigo mismo. 

 

  • Sin reservas le entregó su cuerpo, pero el tonto gato no entendió las señales. Pobre ratoncita quedó hecha pedazos por amor.

 

  • Peor que no tener corazón, era llevar ropa interior de madera, pero cuando Pinocho lo decía, el resto pensaba que mentía.

 

  • El genio ofreció cumplirle dos deseos. “Deseo que sean tres”. “¡Hecho!”, respondió el genio, “ahora te quedan dos”, remató.  
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El Ascensor

Una señal sonora indica la parada, las puertas se abren y una voz robótica anuncia el arribo: “Primer piso, cuidado al bajar, su estadía es a su propio riesgo, una vez que se cierren las puertas, corra por su vida. Feliz día”.

El mismo sonido de hace un par de minutos, las puertas vuelven a abrir y una vez más, la voz robótica, “segundo piso, si fuese usted, lo pensaría dos veces antes de bajar, pero si lo hace, queremos que sepa que fue un placer haberlo atendido. Feliz día”.

Tercer piso y la voz ahora un poco humanizada, dice que preferiría que nadie se bajara en ése piso, pero en caso de que alguien decida hacer caso omiso a su petición, solo le restaría desear que esa persona haya tenido una vida plena y feliz.

Cuarto piso, y justo al abrirse las puertas la voz se quiebra, y ruega por favor, por lo que más quieran, que nadie se baje…

Quinto piso, la voz se escucha algo molesta: “¡Ustedes no aprenden!”. Las puertas no abren, seguramente para evitar lo ocurrido en los pisos anteriores, pero no era necesario, ya no quedaba nadie a quien intentar detener.

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Lucha Vida

Alguien me dijo en una ocasión, que la vida no era una lucha, que la vida era simplemente vivir; sin embargo, siento que desde hace rato dejé de hacer lo segundo, y vivo constantemente en lo primero.

Luchar agota. Vivir reanima.

Yo sería feliz viviendo, y más si viera que los demás también lo hacen.

Desde hace tiempo vivo luchando por vivir y mantenerme en la lucha, por la vida y por la locha.

Vivir y luchar.

Vivir o luchar.

Más vida. Menos lucha.

La lucha es libre. La vida es bella.

La gente vive… La lucha sigue…

Vivir sin desodorante, jabón, ni crema para el cabello no es vida. Me queda pasta dental, pronto averiguaré si sirve como desodorante, jabón o crema para el cabello, si confirmo que sirve, entonces habré ganado, y podré seguir luchando.

La carne ya no es débil, la carne ahora es cara, sumamente cara, y solo trabajo para obtenerla, todo lo que gano es para la carne, para nada más. La carne es vida, y yo lucho por ella.

El queso que había en la mesa también se me acabó. Qué barbaridad, vivir luchando así.

Lucharemos y viviremos.

Si mi madre fuera mexicana de seguro se llamaría Lucha Vida.

Vivo ausente de la buena vida. Vivo recordando a los ausentes. Qué lucha Dios, qué lucha…

¡Qué mala leche! Tener que vivir en esta lucha, es tener mala leche en la vida.

No me quejo de la vida ni por la lucha, mi queja es por la mala leche de tener que vivir luchando.

Merezco vivir otra vida, en mejor situación y condiciones, pero quizás no he luchado lo suficiente.

Espero que quede vida después de tanta lucha.

 

 

TÉRMINOS ASOCIADOS:

Lucha, Vida, Mala Leche

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¡Qué gran sueño!

soñar

Anoche fui Hulk. En sueños claro; es decir, soñé que me había convertido en el poderoso y verde Hulk, pero no solo eso, ya va, además, llevaba puesta una armadura de Iron Man hecha a mi medida, o mejor dicho, a la medida de Hulk, bueno a mi medida pues, porque yo era Hulk, anoche, en sueños. Y les cuento que, ¡no se lo pierdan!, cargaba en una mano el escudo del Capitán América y en la otra el martillo de Thor. Por supuesto, también con dimensiones ajustadas a mi humanidad… a la de Hulk… que era yo… anoche… es que no quiero que me caricaturicen, por eso la aclaratoria, circunspección por favor miren que el sueño fue muy en serio. Decía yo que era Hulk, y así llegué a la cola de la harina y el aceite. Escudo y martillo en mano me instalé de primero, nadie dijo nada, casi todos guardaron silencio y bajaron sus cabezas, solo unos pocos se atrevieron a abrir sus miserables bocas, pero para darme los buenos días. Segundos después llegó un motorizado comandando un grupo de niños, ancianos y mujeres embarazadas y comenzó a organizarlo delante de mi; el pobre casi muere de un infarto cuando se percató de mi presencia, de inmediato reorganizó a su grupo y les ordenó marchar en retirada alegando que se habían equivocado de establecimiento. Pasado un muy breve lapso salió un mujer rechoncha vestida toda de negro con gorra del mismo color calzado masculino y cara de comer vidrio con picante como si fuese chocolate, y con voz fuerte y exasperante empezó a exigir la cédula de identidad a cada uno de los que se encontraba allí en fila para verificar si la terminación coincidía con el día correspondiente, menos a mí, a mi me sonrío, al resto no, a mi me dijo “tremendo martillo papi” y me invitó a pasar, al resto no, a los demás los dejó esperando, a los demás les dijo “no molesten al señor, cuando él termine pasan ustedes, ¡cuerda e’ lambucios!”. Una vez adentro, parte del personal intentó esconderse, una de las cajeras que estaba practicando groserías y frases despectivas frente a un cliente imaginario no se había dado cuenta de mi llegada, cuando lo hizo se puso de rodillas y me suplicó clemencia, que por favor entendiera, que ella en realidad no era así, que a ella la obligaban. El gerente intentó abrazarme, juró una y mil veces que era fanático de Marvel, maldijo mil veces más a Ultrón, bendijo otras mil a San Stan Lee y acto seguido me invitó a tomar todos los productos que quisiera. Henchido de emoción, aquél hombre casi lloraba al ver cómo abría con una sola mano un bulto de harina y tomaba varios paquetes, suspiraba al verme volar hacia el lugar donde estaba dispuesto el aceite, casi chilla cuando vio que descubrí un bulto de papel higiénico al levantar un anaquel completo. De aquel sitio salí cargado además con jabón, leche y champú, nada de eso lo tenían estipulado vender aún, pero uno de los vigilantes fue delatado por sus pulsaciones, la computadora de la armadura las detectó y me puso alerta. Afuera, se había armado una trifulca, una batalla campal, sin embargo todos hicieron una pausa para que yo pasara tranquilo. Camino a casa, a pesar de la gran cantidad de bolsas que llevaba, tuve oportunidad de aplastar un carro que intentó irrespetar la luz del semáforo, hacer explotar una moto que ocupaba una acera e impedía el paso, darle un martillazo a una sabandija que quiso robar a una anciana y frenar la huida de su cómplice arrojándole el escudo. Sí, qué gran sueño, anoche fui Hulk.

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